Aquella tarde llovía como siempre en esta época, el agua te mojaba de pies a cabeza en cuestión de minutos, tal vez de segundos.
Como siempre, me olvide de llevar una sombrilla, caminaba muy pegadita a la pared para evitar mojarme, era muy estúpido pensar en eso, terminé mojada hasta mis interiores.
Llegué al cafe donde quedamos de vernos, prendí un cigarrillo y te esperé. Sentía como el calor de mi cuerpo comenzaba a desprenderse para secarme, para entibiar mi mojada ropa.
Sacudía rápidamente mi cabello antes de tu llegada, tome una liga vieja y lo amarre lo más decente que pude. Me retoqué el maquillaje y noté que mis ojos se veían más grandes y brillaban de emoción.
Solté una risa bajita, mientras daba una fumada más y noté que empujabas hacia mi el cenicero, levanté la mirada y te vi, sonriente como siempre, con tu blanca y alineada dentadura.
Me saludaste tan amable como siempre y me besaste en la mejilla. Los vellos de tu barba molestaban un poco, me hiciste reír con las cosquillas.
Tomaste asiento sin esperar que te invitara y prendiste otro cigarro: 'Café americano sin azúcar' sabías perfectamente que ese tipo de detalles me enloquecían.
En aquel momento las manos me temblaban como siempre, como antes. Fijamente rodee la taza y di un sorbo 'ahora está muy tibio' dije mientras te miraba fijamente a los ojos, esperando escuchar el motivo de nuestra cita.
Comenzaste a reír, a fumar y platicar como solo tú sabes hacerlo, me envolviste en tus palabras obteniendo de mi, de vez en vez algunas carcajadas y observaciones. Sin notarlo más de dos horas habían transcurrido ya. Volvía a llover.
En un momento, no logré percatarme de que ya habías recorrido la silla a mi lado, tenías en tu mente las palabras y oraciones exactas para tomar mi mano, para tocar mi hombro, recargarte en mi, tomar mi cara entre tus manos y... sin premuras, besarme.
Tu sabor a café y cigarro,tus labios y tu lengua jugando conmigo, como antes.
En un momento, la humedad de mi ropa se disipó completamente. El calor de mi cuerpo se desvió y concentró totalmente en mi sexo. Mis pies flotaban y mis manos hormigueaban alrededor de tu cuello.
Sin dudarlo aventaste un billete sobre la mesa y tomaste mi mano, corrimos hacia tu auto, cuando me vi estaba besándote desenfrenada en cada oportunidad, en cada semáforo en alto, en cada esquina, cada que mi cuerpo lo exigía para seguir sintiendo el calor que me provocabas.
Lo siguiente que recuerdo fue entrar a una recámara y desbaratar las sábanas de la cama, vi ropa volar sobre mi cabeza, tus manos recorrían mi cuerpo y toda mi piel rápidamente, como si nunca lo hubieran hecho aunque se guiaban perfectamente sobre las líneas.
No veía el momento de decirte que aún te extrañaba, que aún te amaba, quería que mi cuerpo por sí mismo lo gritara.
Estaba muy cerca...
La sensación de la humedad de tus labios en mi cuello y el lóbulo de mi oreja izquierda me hicieron tomar tu cara entre mis manos, sin perder el ritmo, todo ello para decirte que...
Te amaba. Antes.
El despertador no dejaba de sonar y sin querer lo tiré de mi buró. Fue entonces cuando desperté enojada para conmigo, pues ya era muy tarde para seguir soñando.

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