Claro que no representa una novedad que un país como el nuestro, la educación secundaria sea esa época en la que los inocentes infantes egresados de la primaria comienzan a conocer y reconocer sus cuerpos.
Comienzan las dudas, los primeros besos con sabor a decepción, tragos de licor que embriagan, música que antes no se podía tener tan fácil, es donde usualmente, todo se descompone.
No fue diferente para Felipe, sus padres hicieron todo el papeleo correspondiente para que entrara a la secundaria en tiempo y forma. Era la más cercana a su hogar, sólo caminaba unos 10 minutos para llegar.
No se podía quejar de no tener dinero, no le sobraba pero tenía lo suficiente. Sus padres eran comerciantes, vendían ropa en el mercado de la colonia. Los otros dos hermanos de Felipe también se dedicaban al comercio, ambos estaban casados y vivían con sus padres. Tres familias en una sola casa.
Felipe había notado que sus hermanos habían adquirido compromisos a muy corta edad, ambos se casaron con sus novias de la secundaria (la misma en la que el iría). Su hermano mayor se había fugado unos días con su chica y cuando regresaron a su casa, los padres de ambos esperaban enojados y a ellos no les importó. Alegaban que eran el amor de la vida del otro y que se querían casar.
Los padres de ella se negaban en un principio, pero ella se notaba tan convencida que sin dudarlo, se llevo a cabo una gran fiesta en casa del novio. Como es tradición de la colonia, se cerro la calle con una gran lona amarilla que atravesaba de banqueta a banqueta.
La fiesta se extendió todo el fin de semana.
Felipe recuerda que el tenía unos 7 años cuando su hermano se casó.
La 'feliz' pareja se fue a vivir a casa de la novia por unos meses, el no soportaba a la suegra y le dijo a su esposa que mejor se fueran a casa de el, había más espacio y nadie los molestaría.
Ella ya estaba embarazada de unos gemelos que serían la adoración de los abuelos. El papá de ella les regaló todo lo relacionado a su recámara de los pequeños, toda la decoración corrió a manos de los gustos del abuelo, fan empedernido del América.
El otro hermano de Felipe tuvo una historia similar, conoció a una chica en la misma escuela, sólo que ella es un año menor que el. Sin pensar, se pusieron a jugar a las relaciones sexuales y no consideraron que su matrimonio sería arreglado por que ella estaba embaraza de una pequeña.
El tenía 14 años y ella 13.
Al nacer la pequeña fue diagnosticada con retraso mental severo.
Hoy en día, la pequeña es la adoración de Felipe, le da mucha ternura ver que sus padres no la quieren. Los abuelos se desesperan cuando están con ella, es muy brusca al moverse y siempre llora. La deben mantener medicada para poder tolerarla.
Felipe sale con ella al patio, ambos disfrutan del sol.
Mañana es el primer día de clases de Felipe, está dispuesto a no dejarse enamorar por ninguna mujer. No quiere tener el mismo destino que sus hermanos.
Para el, las mujeres no valen tanto. Como dice su papá.
martes, 26 de junio de 2012
viernes, 8 de junio de 2012
Estilo
Aquella tarde llovía como siempre en esta época, el agua te mojaba de pies a cabeza en cuestión de minutos, tal vez de segundos.
Como siempre, me olvide de llevar una sombrilla, caminaba muy pegadita a la pared para evitar mojarme, era muy estúpido pensar en eso, terminé mojada hasta mis interiores.
Llegué al cafe donde quedamos de vernos, prendí un cigarrillo y te esperé. Sentía como el calor de mi cuerpo comenzaba a desprenderse para secarme, para entibiar mi mojada ropa.
Sacudía rápidamente mi cabello antes de tu llegada, tome una liga vieja y lo amarre lo más decente que pude. Me retoqué el maquillaje y noté que mis ojos se veían más grandes y brillaban de emoción.
Solté una risa bajita, mientras daba una fumada más y noté que empujabas hacia mi el cenicero, levanté la mirada y te vi, sonriente como siempre, con tu blanca y alineada dentadura.
Me saludaste tan amable como siempre y me besaste en la mejilla. Los vellos de tu barba molestaban un poco, me hiciste reír con las cosquillas.
Tomaste asiento sin esperar que te invitara y prendiste otro cigarro: 'Café americano sin azúcar' sabías perfectamente que ese tipo de detalles me enloquecían.
En aquel momento las manos me temblaban como siempre, como antes. Fijamente rodee la taza y di un sorbo 'ahora está muy tibio' dije mientras te miraba fijamente a los ojos, esperando escuchar el motivo de nuestra cita.
Comenzaste a reír, a fumar y platicar como solo tú sabes hacerlo, me envolviste en tus palabras obteniendo de mi, de vez en vez algunas carcajadas y observaciones. Sin notarlo más de dos horas habían transcurrido ya. Volvía a llover.
En un momento, no logré percatarme de que ya habías recorrido la silla a mi lado, tenías en tu mente las palabras y oraciones exactas para tomar mi mano, para tocar mi hombro, recargarte en mi, tomar mi cara entre tus manos y... sin premuras, besarme.
Tu sabor a café y cigarro,tus labios y tu lengua jugando conmigo, como antes.
En un momento, la humedad de mi ropa se disipó completamente. El calor de mi cuerpo se desvió y concentró totalmente en mi sexo. Mis pies flotaban y mis manos hormigueaban alrededor de tu cuello.
Sin dudarlo aventaste un billete sobre la mesa y tomaste mi mano, corrimos hacia tu auto, cuando me vi estaba besándote desenfrenada en cada oportunidad, en cada semáforo en alto, en cada esquina, cada que mi cuerpo lo exigía para seguir sintiendo el calor que me provocabas.
Lo siguiente que recuerdo fue entrar a una recámara y desbaratar las sábanas de la cama, vi ropa volar sobre mi cabeza, tus manos recorrían mi cuerpo y toda mi piel rápidamente, como si nunca lo hubieran hecho aunque se guiaban perfectamente sobre las líneas.
No veía el momento de decirte que aún te extrañaba, que aún te amaba, quería que mi cuerpo por sí mismo lo gritara.
Estaba muy cerca...
La sensación de la humedad de tus labios en mi cuello y el lóbulo de mi oreja izquierda me hicieron tomar tu cara entre mis manos, sin perder el ritmo, todo ello para decirte que...
Te amaba. Antes.
El despertador no dejaba de sonar y sin querer lo tiré de mi buró. Fue entonces cuando desperté enojada para conmigo, pues ya era muy tarde para seguir soñando.
Como siempre, me olvide de llevar una sombrilla, caminaba muy pegadita a la pared para evitar mojarme, era muy estúpido pensar en eso, terminé mojada hasta mis interiores.
Llegué al cafe donde quedamos de vernos, prendí un cigarrillo y te esperé. Sentía como el calor de mi cuerpo comenzaba a desprenderse para secarme, para entibiar mi mojada ropa.
Sacudía rápidamente mi cabello antes de tu llegada, tome una liga vieja y lo amarre lo más decente que pude. Me retoqué el maquillaje y noté que mis ojos se veían más grandes y brillaban de emoción.
Solté una risa bajita, mientras daba una fumada más y noté que empujabas hacia mi el cenicero, levanté la mirada y te vi, sonriente como siempre, con tu blanca y alineada dentadura.
Me saludaste tan amable como siempre y me besaste en la mejilla. Los vellos de tu barba molestaban un poco, me hiciste reír con las cosquillas.
Tomaste asiento sin esperar que te invitara y prendiste otro cigarro: 'Café americano sin azúcar' sabías perfectamente que ese tipo de detalles me enloquecían.
En aquel momento las manos me temblaban como siempre, como antes. Fijamente rodee la taza y di un sorbo 'ahora está muy tibio' dije mientras te miraba fijamente a los ojos, esperando escuchar el motivo de nuestra cita.
Comenzaste a reír, a fumar y platicar como solo tú sabes hacerlo, me envolviste en tus palabras obteniendo de mi, de vez en vez algunas carcajadas y observaciones. Sin notarlo más de dos horas habían transcurrido ya. Volvía a llover.
En un momento, no logré percatarme de que ya habías recorrido la silla a mi lado, tenías en tu mente las palabras y oraciones exactas para tomar mi mano, para tocar mi hombro, recargarte en mi, tomar mi cara entre tus manos y... sin premuras, besarme.
Tu sabor a café y cigarro,tus labios y tu lengua jugando conmigo, como antes.
En un momento, la humedad de mi ropa se disipó completamente. El calor de mi cuerpo se desvió y concentró totalmente en mi sexo. Mis pies flotaban y mis manos hormigueaban alrededor de tu cuello.
Sin dudarlo aventaste un billete sobre la mesa y tomaste mi mano, corrimos hacia tu auto, cuando me vi estaba besándote desenfrenada en cada oportunidad, en cada semáforo en alto, en cada esquina, cada que mi cuerpo lo exigía para seguir sintiendo el calor que me provocabas.
Lo siguiente que recuerdo fue entrar a una recámara y desbaratar las sábanas de la cama, vi ropa volar sobre mi cabeza, tus manos recorrían mi cuerpo y toda mi piel rápidamente, como si nunca lo hubieran hecho aunque se guiaban perfectamente sobre las líneas.
No veía el momento de decirte que aún te extrañaba, que aún te amaba, quería que mi cuerpo por sí mismo lo gritara.
Estaba muy cerca...
La sensación de la humedad de tus labios en mi cuello y el lóbulo de mi oreja izquierda me hicieron tomar tu cara entre mis manos, sin perder el ritmo, todo ello para decirte que...
Te amaba. Antes.
El despertador no dejaba de sonar y sin querer lo tiré de mi buró. Fue entonces cuando desperté enojada para conmigo, pues ya era muy tarde para seguir soñando.
lunes, 21 de mayo de 2012
Quédate.
Ha pasado casi un año desde la última vez que sentí esa necesidad de escribir en este medio.
Las novedades no suelen ser radicales hasta que duelen, esta vez dolió tanto que tuve que escribirlo para aligerar el alma.
¿Qué es bueno y hasta que punto lo malo debe ser reclamado? Cuestión que aún no puedo responder ni podré resolver. Las dudas, habladurías y maquilas de la mente son poderosas razones para tender a aislarse en cualquier lugar invisible o en una cueva.
En mi caso, la cueva me superó.
Vivir y disfrutar cada momento sin recelos y sin tomar en cuenta lo ajeno a 'nosotros' era mi precepto, mis ganas de querer estar al lado del ser que más he amado. Y como dijo, comenzaron las habladurías...
Hice caso omiso y no te dije más.
Llegó la segunda versión de los mismos hechos y te lo dije, sutil y suave, con mucho miedo, las piernas no me respondían por que pensé que me dirías 'Sí, lo siento', y mi reacción cambió completamente cuando dijiste no.
El alma respiró y descansó.
Suelo ser de esas personas que PERDONAN para OLVIDAR y seguir adelante, no tiene ningún caso reclamar lo mismo hasta desgastarse, no tiene caso seguir si duele y mueres.
Así lo hice hasta que vi tu mano sosteniendo otra que no era la mía...
Las dudas, los recelos, las cosas jamás dichas y miles de cosas me expulsaron de la cueva que me protegía. Reaccioné como no debí hacerlo y casi perdí.
Entiéndeme, lo sabido aún pasaba por mi mente, tu lo sigues negando. ¿Eso a mi dónde me deja?
Tengo ganas de dejarte, tengo ganas de tenerte.
Tengo ganas de hacer todo y nada a la vez.
Sólo espero que un día deje de doler.
Las novedades no suelen ser radicales hasta que duelen, esta vez dolió tanto que tuve que escribirlo para aligerar el alma.
¿Qué es bueno y hasta que punto lo malo debe ser reclamado? Cuestión que aún no puedo responder ni podré resolver. Las dudas, habladurías y maquilas de la mente son poderosas razones para tender a aislarse en cualquier lugar invisible o en una cueva.
En mi caso, la cueva me superó.
Vivir y disfrutar cada momento sin recelos y sin tomar en cuenta lo ajeno a 'nosotros' era mi precepto, mis ganas de querer estar al lado del ser que más he amado. Y como dijo, comenzaron las habladurías...
Hice caso omiso y no te dije más.
Llegó la segunda versión de los mismos hechos y te lo dije, sutil y suave, con mucho miedo, las piernas no me respondían por que pensé que me dirías 'Sí, lo siento', y mi reacción cambió completamente cuando dijiste no.
El alma respiró y descansó.
Suelo ser de esas personas que PERDONAN para OLVIDAR y seguir adelante, no tiene ningún caso reclamar lo mismo hasta desgastarse, no tiene caso seguir si duele y mueres.
Así lo hice hasta que vi tu mano sosteniendo otra que no era la mía...
Las dudas, los recelos, las cosas jamás dichas y miles de cosas me expulsaron de la cueva que me protegía. Reaccioné como no debí hacerlo y casi perdí.
Entiéndeme, lo sabido aún pasaba por mi mente, tu lo sigues negando. ¿Eso a mi dónde me deja?
Tengo ganas de dejarte, tengo ganas de tenerte.
Tengo ganas de hacer todo y nada a la vez.
Sólo espero que un día deje de doler.
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