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miércoles, 24 de febrero de 2010

Música de Otoño


No pude dormir, el sentimiento de angustia, desesperación, la expectativa, los nervios, me consumieron totalmente, se apoderaron de mí. ¡Por lo menos que ya amanezca!, pensaba mientras daba vueltas en la cama.


Los primeros rayos del sol confirmaron que ya era un nuevo día, el cual transcurrió rápidamente. El viaje no fue largo, llegué al lugar más temprano de lo pensado, ahora debía conservar hasta mi última gota de paciencia.


La fila comenzó a avanzar, me quitaron mi boleto y procedieron a revisarme, obviamente no portaba armas ni objetos que pudieran hacerle daño a nadie, cuando pasé la revisión, salí corriendo para apartar el mejor lugar, lo más cerca posible de ellos.


La masa de gente creció  de un momento a otro, quede atorada entre ellos y la barra del frío metal que me separaba del escenario, todos se movían y se prensaban unos a otros, me faltaba el aire y lo poco que recibía era una dosis de aire caliente que los otros cuerpos desprendían, empecé a sudar, pero eso no impidió que siguiera aferrada a mi lugar.


Las luces se apagaron y los gritos ensordecedores me confundieron, me emocionaron, los primeros acordes comenzaban y sí en efecto, yo conocía esa canción, es como un himno para mí y parecía que la gran familia que se encontraba en el lugar percibía lo mismo que yo.


Cada vello, cada nervio de mi cuerpo se encontraba al borde de la catarsis, las piernas me temblaban y sentía una gran presión en el pecho, no me importaba el dolor, yo solo quería gritar y cantar las canciones que alguna vez me salvaron la vida.


De pronto todo se volvió ligero, el temblor de mis piernas se extinguía lentamente, el dolor se disipaba y mis héroes poco a poco se alejaban de mí, se me escapaban y yo nada podía hacer, solo desaparecía…




El sonido agudo y penetrante del despertador me despojó del día más feliz de mi vida, del añorado, esperado y ansiado día.

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