-
I
- Mientras los niños crecen, tú, con todos los muertos,
- poco a poco te acabas.
- Yo te he ido mirando a través de las noches
- por encima del mármol, en tu pequeña casa.
- Un día ya sin ojos, sin nariz, sin orejas,
- otro día sin garganta,
- la piel sobre tu frente agrietándose, hundiéndose,
- tronchando obscuramente el trigal de tus canas.
- Todo tú sumergido en humedad y gases
- haciendo tus desechos, tu desorden, tu alma,
- cada vez más igual tu carne que tu traje,
- más madera tus huesos y más huesos las tablas.
- Tierra mojada donde había tu boca,
- aire podrido, luz aniquilada,
- el silencio tendido a todo tu tamaño
- germinando burbujas bajo las hojas de agua.
- (Flores dominicales a dos metros arriba
- te quieren pasar besos y no te pasan nada.)
II
Mientras los niños crecen y las horas nos hablan- tú, subterráneamente, lentamente, te apagas.
- Lumbre enterrada y sola, pabilo de la sombra,
- veta de horror para el que te escarba.
¡Es tan fácil decirte "padre mío"- y es tan difícil encontrarte, larva
- de Dios, semilla de esperanza!
Quiero llorar a veces, y no quiero- llorar porque me pasas
- como un derrumbe, porque pasas
- como un viento tremendo, como un escalofrío
- debajo de las sábanas,
- como un gusano lento a lo largo del alma.
¡Si sólo se pudiera decir: "papá, cebolla,- polvo, cansancio, nada, nada, nada"
- !Si con un trago te tragara!
- ¡Si con este dolor te apuñalara!
- ¡Si con este desvelo de memorias
- -herida abierta, vómito de sangre-
- te agarrara la cara!
Yo sé que tú ni yo,- ni un par de valvas,
- ni un becerro de cobre, ni unas alas
sosteniendo la muerte, ni la espuma- en que naufraga el mar, ni -no- las playas,
- la arena, la sumisa piedra con viento y agua,
- ni el árbol que es abuelo de su sombra,
- ni nuestro sol, hijastro de sus ramas,
- ni la fruta madura, incandescente,
- ni la raíz de perlas y de escamas,
- ni tío, ni tu chozno, ni tu hipo,
- ni mi locura, y ni tus espaldas,
- sabrán del tiempo obscuro que nos corre
- desde las venas tibias a las canas.
(Tiempo vacío, ampolla de vinagre,- caracol recordando la resaca.)
He aquí que todo viene, todo pasa,- todo, todo se acaba.
- ¿Pero tú? ¿pero yo? ¿pero nosotros?
- ¿para qué levantamos la palabra?
- ¿de qué sirvió el amor?
- ¿cuál era la muralla
- que detenía la muerte? ¿dónde estaba
- el niño negro de tu guarda?
Ángeles degollados puse al pie de tu caja,- y te eché encima tierra, piedras, lágrimas,
- para que ya no salgas, para que no salgas.
III - Sigue el mundo su paso, rueda el tiempo
- y van y vienen máscaras.
- Amanece el dolor un día tras otro,
- nos rodeamos de amigos y fantasmas,
- parece a veces que un alambre estira
- la sangre, que una flor estalla,
- que el corazón da frutas, y el cansancio
- canta.
Embrocados, bebiendo en la mujer y el trago,- apostando a crecer como las plantas,
- fijos, inmóviles, girando
- en la invisible llama.
- Y mientras tú, el fuerte, el generoso,
- el limpio de mentiras y de infamias,
- guerrero de la paz, juez de victorias
- -cedro del Líbano, robledal de Chiapas-
- te ocultas en la tierra, te remontas
- a tu raíz obscura y desolada.
-
- IV
Un año o dos o tres,- te da lo mismo.
- ¿Cuál reloj en la muerte?, ¿qué campana
- incesante, silenciosa, llama y llama?
- ¿qué subterránea voz no pronunciada?
- ¿qué grito hundido, hundiéndose, infinito
- de los dientes atrás, en la garganta
- aérea, flotante, pare escamas?
¿Para esto vivir? ¿para sentir prestados- los brazos y las piernas y la cara,
- arrendados al hoyo, entretenidos
- los jugos en la cáscara?
- ¿para exprimir los ojos noche
- a noche en el temblor obscuro de la cama,
- remolino de quietas transparencias,
- descendimiento de la náusea?
¿Para esto morir?- ¿para inventar el alma,
- el vestido de Dios, la eternidad, el agua
- del aguacero de la muerte, la esperanza?
- ¿morir para pescar?
- ¿para atrapar con su red a la araña?
Estás sobre la playa de algodones- y tu marca de sombras sube y baja.
V
Mi madre sola, en su vejez hundida,- sin dolor y sin lástima,
- herida de tu muerte y de tu vida.
Esto dejaste. Su pasión enhiesta,- su celo firme, su labor sombría.
- Árbol frutal a un paso de la leña,
- su curvo sueño que te resucita.
- Esto dejaste. Esto dejaste y no querías.
Pasó el viento. Quedaron de la casa- el pozo abierto y la raíz en ruinas.
- Y es en vano llorar. Y si golpeas
- las paredes de Dios, y si te arrancas
- el pelo o la camisa,
- nadie te oye jamás, nadie te mira.
- No vuelve nadie, nada. No retorna
- el polvo de oro de la vida.
- Algo sobre la muerte del Mayor Sabines, 1973
lunes, 25 de enero de 2010
Algo sobre la muerte del mayor Sabines. Parte II
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